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7 de marzo de 1947. Cola de fieles. Novena de aniversario del “Segundo Rescate”.  Iglesia  de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli. Madrid. La imagen del Cristo es de la primera mitad del siglo XVII, con 1,73 m. de altura. Imagen devocional y peregrina. Fue tallada en Sevilla por Luis de la Peña o Francisco de Ocampo. Talla procesional. Lateral en el muro de la actual Basílica. Custodiada por la Archicofradía Primaria Nacional de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Afiliados con la Hermandad de Jesús de Medinaceli y Esperanza Macarena de Miami, Estados Unidos. Su última estancia fuera de España fue en Ginebra, donde participó en una exposición en el Palacio de la Sociedad de Naciones.

 

3 de marzo de 1978. Conversaciones en la cola del Jesús de Medinaceli. Primer viernes de marzo. Madrid. Arte sociológico. Permanece como un informe de dos folios. En esta obra el autor inquiere por los motivos de su espera a un grupo de personas que aguardan a las puertas de una iglesia para participar en un acto devocional. Producciones de una pared: “18 fotografías y 18 historias”: quinta parada de Performance in Resistance de Isidoro Valcárcel Medina en BNV Producciones, Sevilla. “Performance in Resistance” de Isidoro Valcárcel Medina. Un proyecto de Bulegoa z/b, Bilbao, en colaboración con If I Can’t Dance I Don’t Want To Be Part Of Your Revolution, Ámsterdam.

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Durante la Guerra Civil, el día 13 de marzo de 1936 los devotos y vecinos del convento lograron impedir que la imagen fuera destruida por un piquete de revolucionarios. El 17 de julio los frailes ocultaron la imagen en una caja de madera, y envuelta en sábanas, en los sótanos del convento. Alojándose en el mismo el batallón republicano conocido con el sobrenombre de “Margarita Nelken”, y para mitigar el frío del invierno madrileño que allí padecían sus tropas, al buscar unas tablas para calentarse se encontraron con la sorpresa de la caja que contenía la sagrada imagen y al comprobar Juan Manuel Oliva, jefe del batallón, “a las cuatro de la tarde” que se trataba del Cristo de Medinaceli, no sólo por motivos artísticos, sino también religiosos, entregó la imagen a la “Junta del Tesoro”, que la trasladó bien pronto a la ciudad de Valencia, concretamente al Colegio del Patriarca. En marzo de 1938 fue transportada a Barcelona y desde allí, el día 3 de febrero de 1939, fue trasladada con todo el Tesoro Artístico a la ciudad suiza de Ginebra, a la que llegó el día 12 de febrero.

 

El 3 de marzo, coincidiendo con la tradición del besamanos a la imagen de Jesús de Medinaceli que se venera en la iglesia del mismo nombre, he mantenido una serie de conversaciones con las personas que formaban cola en espera de entrar en el interior de la iglesia. El especial carácter del tema, así como las particularidades de la espiritualidad, subjetividad, etc., han hecho que prescindiera en este caso de un cuestionario fijo, cuidando más bien, que se desarrollase una conversación que, por un lado, aclarase la concepción e información que cada persona tenía del suceso histórico y actual, mientras que por otro dejara entrever mi postura de desacuerdo con la acción como puro ritual –respetando íntegramente las creencias religiosas–. El total aproximado de personas que han intervenido, generalmente formando grupos, en las conversaciones debe estar alrededor de las 40. En ningún momento he tomado nota de las manifestaciones.

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La imagen se realizó por encargo de la comunidad de los Padres Capuchinos de Sevilla, quienes la llevaron a la colonia española de Mámora en el norte de África, llamada por los españoles San Miguel de Ultramar. El día 30 de abril de 1681, Mámora cayó en manos de Muley Ismael y su ejército y la imagen del Nazareno fue también capturada y llevada a Mequínez. La historia atestigua por orden expresa del Rey Muley, la imagen fue arrastrada por las calles de Mequinez en señal de odio contra la religión cristiana y hasta algunos aseguran que, como si se tratara de carne humana, fue arrojada a los mismos leones. Fue vista por el Padre de la Orden de la Santísima Trinidad, Fray Pedro de los Ángeles, quien, arriesgando su vida y presentándose ante el mismo rey, solicitó el rescate de la imagen como si se tratara de un ser vivo. Se dice que el rey le permitió al padre trinitario custodiar la imagen, hasta que reuniera el dinero para su rescate, amenazándole que, de no hacerlo así, lo quemaría a él y a la imagen. El Padre General de la Orden mandó a los Padres Miguel de Jesús, Juan de la Visitación y Martín de la Resurrección que se encargaran de servir de mediadores en la solución del problema y estos lograron convencer al rey Muley de que tasara el rescate de la imagen pagando su peso en oro. La leyenda asegura que la balanza se equilibró exactamente cuando se acumularon treinta monedas. Una y otra vez efectuada esta operación, el resultado fue siempre idéntico, con lo que el recuerdo del episodio evangélico en el que Cristo mismo apareció valorado en esas 30 monedas resultaba milagroso.

 

Se ha puesto de relieve que la gran mayoría ignora de una manera absoluta los hechos o las razones que provocan esta devoción; además, el móvil que confiesan tener para asistir está más ligado a una especie de costumbre que a una creencia íntima y consciente. Se da el caso de que muchas de las personas que afirman que se venera a un santo, siendo muy pocas las que se han referido a la divinidad o figura capital de su religión. Por lo demás, la glorificación de la imagen es mucho más frecuente que la de la figura que representa. En cuanto al simple conocimiento histórico de la devoción las variaciones son completas y abarcan abundantísimos datos y aún contradictorios. El momento más curioso se produjo cuando una de mis preguntas dio lugar a que dos personas entablaran una fuerte discusión sobre detalles de este rito. Por mi parte debo decir que he procurado hacer mis observaciones y preguntas en el interior de las conversaciones y de una forma respetuosa sin que en ningún momento hayan sido rechazadas, aunque sí rebatidas. El grado de aceptación del diálogo ha sido total. Aunque, como se desprende de lo dicho, he tenido que sostener gran parte de las conversaciones por cauces ajenos a mis intereses, es lo cierto que me ha sido posible repetir con frecuencia los temas que tenía proyectados y que en todos los casos han sido propuestos sin que se profundizara en el sentido de la auténtica razón que los originaba; pero de cualquier modo, han sido siempre preguntas contestadas, aunque admitamos que el grado de comprensión no ha sido notable.

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Cuando terminó la guerra y fue recuperado el Tesoro, Don Fernando Álvarez de Sotomayor, representante del nuevo Gobierno español, consiguió que la imagen del Cristo saliera de Ginebra el día 10 de mayo de 1939, siendo esperada con toda devoción en Pozuelo de Alarcón, pueblo cercano a Madrid. Allí fue recibida con honores militares y de ella se hizo cargo la Junta de la Real Esclavitud, llevándola a Madrid, momentáneamente al monasterio de la Encarnación. La víspera de la festividad de San Isidro, el día 14 de mayo, todo el pueblo de Madrid se organizó en solemne procesión acompañando la imagen hasta el altar de su templo en el que siguió recibiendo el culto y la veneración de multitud de devotos. Siempre, pero sobre todo los viernes del año, y de forma multitudinaria el primer viernes de marzo, son incontables las personas que acuden a venerar al Cristo de Medinaceli, para lo que han de aguantar largas horas de espera y de incomodidades aún climatológicas, hasta conseguir besarle el pie y formularle las tres peticiones rituales.

 

De nuevo debemos insistir aquí en la distancia entre lo que el autor llama arte sociológico y la ciencia del mismo nombre. Cuando se representa o se pone en escena una encuesta, es el caso de Valcárcel, su finalidad no puede ir más allá del propio juego representacional, es decir no debe buscar, ni siquiera pretender, cerrar el proceso y obtener respuestas, y en ningún caso, por descontado, ofrecer respuestas acertadas. Sólo la plena conciencia de esta diferencia, en ocasiones muy tenue, puede permitirla apertura del juego –al otro- evitando el determinismo, invasivo y violento, consustancial a todo el interrogatorio, y ello aun a sabiendas, como el propio autor especifica a continuación, de que todo preguntar es siempre un determinar respuestas: “lo interesante es hacer preguntas… [limitando] las encuestas al puro recuento de las preguntas, o, para ser exacto, a la simple formulación de éstas. Sobre la base de lo dicho, me encuentro con que, en caso de ser leído, el resultado del muestreo es un hecho en cierto modo folclórico, mientras que el cuestionario virgen conserva toda su razón de ser. Una pregunta contestada ya no es una pregunta es una respuesta; y las respuestas son aburridas.”

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El Cristo de Medinaceli se alza en la cúspide de la devoción popular en Madrid y en toda su Comunidad, en buena parte de España y aún de la Iglesia universal. Son numerosas las personas que a lo largo del año lo visitan en su Basílica regida por los Padres Capuchinos y también, y de modo muy significativo, las donaciones que acoge, fruto y consecuencia de agradecimientos por los favores recibidos. Hay que resaltar que entre los madrileños la devoción al Cristo de Medinaceli va en aumento. En la actualidad son unos 8.000 los miembros inscritos, con mención también para tantas otras Esclavitudes filiales registradas en muchas otras partes de España y aún del extranjero.

 

En este sentido, el autor es coherente cuando se niega a etiquetar su obra como arte político. Con independencia del pleonasmo en que incurre semejante categoría, en su caso no hay una voluntad de emitir mensajes o argumentos ideológicos –de que la obra haga demostraciones–, sino de hacer figura con motivos tomados de los asuntos de la vida pública –que estos se muestren en ella–. Figurar. Medir y contar la realidad del cuerpo social hasta el límite de lo representable, pero sin someter los resultados a una voluntad consciente de sí misma, sin tener razón y sin caer en fantasías.

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La procesión que a las siete de la tarde comienza a recorrer las calles de Madrid con la imagen del Cristo el Viernes Santo y que organiza la “Archicofradía Primaria nacional de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno” es espectacular y en ella son muchos los que le expresan sus muestras de devoción, agradecimiento y sacrificio de múltiples maneras, rozando algunas de ellas hasta los límites de lo esperpéntico a veces, y otras, de los sacrificios cruentos. Los viernes son días especiales para venerarla. La Iglesia recuerda en ese día la pasión y Muerte de Cristo, y desde el principio se vio que los madrileños se acercaban, ese día en mayor número a reconciliarse con Dios, a participar en la eucaristía y a besar su pie. La Efigie representa el momento en que Pilatos, dirigiéndose al pueblo judío, le dice: “Ecce Homo, he aquí al Hombre”. El Viernes Santo nuestro Cristo devuelve la visita a los madrileños en una emocionada e impresionante procesión que presencia un millón y medio de personas.

 

No creo que haya duda que los Encuentros de Pamplona han sido la mayor concentración artística ocurrida en España. De sobra sabemos que gran parte de los artistas que eran significativos entonces y, curiosamente, de los que después lo fueron estaban allí, por una semana, juntos. En lo que a mí se refiere, su importancia estuvo repartida entre lo que vi y presencié y la reacción del público ante mis obras. Puede decirse que la película, que allí se estrenó, pasó como debía y cabía esperar, con un confortable escándalo, pero menor que los demás sitios en que se ha pasado. Sobre el otro trabajo, el gran montaje del centro de la ciudad, puedo decir que yo era demasiado ignorante como para haber previsto lo que podía pasar. Así que, yo presenté una obra que podría llamarse “plástica” y me di cuenta de que era una obra exclusivamente social… Me di cuenta allí. Esa fue la repercusión y el aprendizaje. Como podéis ver por lo que digo, definitivo para dar lugar a una concienciación.

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El Papa Pablo VI el día 1 de septiembre de 1973 elevaría a Basílica Menor la iglesia de Nuestro Padre Jesús. Cuando al año siguiente le regalaron una reproducción de la imagen, el Papa la besó, y dijo: “Que el beso del Papa a esta imagen de N. P. Jesús, lleve la bendición a cuantos la besan y veneran en Madrid.” El beso es manifestación de amor. El beso de los fieles a la imagen de N. P. Jesús no es falsa devoción; es la prueba externa de un amor que llevan muy dentro. Las colas interminables para besar a Jesús nos recuerdan las escenas evangélicas de las multitudes que “querían ver y tocar al Señor”. Jesús sigue dejándose besar y tocar por los afligidos, por los tristes, por los necesitados: “venid a mí todos los que estéis fatigados y Yo os aliviaré” (Mt, 11, 28). Por supuesto, la amistad con el Señor es condición indispensable para ser escuchados.

 

Pero el sentido de esta toma de conciencia no es el de que, a partir de entonces yo haya dado un papel al espectador, no. El sentido es que yo me di cuenta de que, no era espectador, sino el hombre, tienen una función básica, ineludible, en el territorio artístico. En las llamadas obras de participación que han podido venir después, el público (que no es público, sino coautor) no hace sino ejercer su derecho creativo: no es que se le conceda o se le ceda nada, sino que se le advierte de para qué está allí. Y al público siempre le queda la posibilidad de no “participar”… Pero, generalmente, el público participa.Muy frecuentemente en el arte no se tiene claro el sentido de lo que uno hace, creo yo. Tal vez aquí hay algo de ese pálpito mágico que, consensuada y socialmente, define al arte. No tengo empacho en decir lo que siempre he negado (tal vez por una mala conciencia injustificada), y es que en el ejercicio del arte, constantemente se viven momentos en los que lo que pasa no tiene apoyatura lógica y consecuente. Digo esto porque hay trabajos a los que uno no le encuentra sentido hasta después de pasado el tiempo.

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Entre los madrileños y nuestro Jesús de Medinaceli hay una conexión que podríamos llamar telepática. En cada casa hay una imagen, una estampa o una figura de barro y están allí como si fueran teléfonos con los que cada madrileño y madrileña puede llamar a su Señor y pedirle a su Padre un favor, un ruego, un milagro pequeño, que interceda por algo o por alguien, algún tipo de consuelo para su familia o prosperidad en su trabajo… Después está la obligación de ir a agradecerlo. Por eso la participación de los madrileños es cada vez mayor. Por eso las largas colas llegan hasta el Paseo del Prado.

 

Como comprenderéis, llamar a un desconocido por teléfono para darle mi número no es el summun de la genialidad… el porque de esta idea está, sencillamente, en que, siendo algo impecablemente coherente, nadie lo hace. Pero si tú vas y lo haces, te encuentras con que muchos de los llamados apuntan tu número, aunque no sepan muy bien por qué. Eso es el arte de participación: el que el sucedido es muy probable que esa persona se lo cuente a su familia… y poco importa si él no es consciente de haber participado en una obra de arte, basta con que sea consciente de que “ha participado”.

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Inventaire des oeuvres d’Art Espagnoles transportes au Palais de la Société des nations en executions des dispositions arrêtes a Figueres le 3 Fevrir 1939 entre le Representant du Gouvernement Republicain et le Délegé du Comité International pour la Sauvegarde des Tresors d’Art Espagnols.(En español) Sellos correspondientes en la caja: 1. “Imagen de N.P. Jesús”. 2. “Perteneciente”. 3. “Iglesia de Jesús”. 4. “C79”. 5. “P.P. Capuchinos, Madrid”. 6. “Rescatada Segunda Vez”.7.  “Ginebra”. 8. “Ocho de Mayo”. 9. “Año de la Victoria”.

 

Hangar del Palacio de Exposiciones de Ginebra, documentos preparativos de la primera repatriación de las obras de arte. Estas son las cuestiones que, con mayor o menor frecuencia, he planteado:1. ¿Pide Vd. Bienes materiales o espirituales?2. Si no se le concede lo que pide, aunque Ud. piense que es fundamental, ¿cree que en realidad no le era conveniente?3. ¿Sigue pensando en la posibilidad de los milagros en nuestra época?4. Lo que va a pedir, ¿es un milagro?5. ¿Se piden aquí milagros?6. ¿Se viene solamente a agradecer?7. A qué concede más importancia, ¿a lo que pide o a lo que ofrece?8. ¿Es cierta la historia del incendio, del pesaje?9. ¿Quíenes fueron los ladrones  de la imagen?10. ¿Se sabe cuánto pesó?11. ¿Hace usted las tres peticiones por orden de preferencia?Hay que decir que las muy distintas versiones del suceso histórico hacían imposible ciertas preguntas a ciertas personas.

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Notas sobre lo ocurrido al Tesoro Artístico Nacional en el extranjero. Exp. C79.

 

1. Carácter devocional.

 

2. Titular eclesiástico. Propietario C.C.

 

3. Acuerdos internacionales. Rubricados.

 

4. Ningún daño físico ni moral.

 

5. Transporte acordado: primera remesa.

 

6. Salida: 8 de mayo de 1939/ Llegada: 14 de mayo de 1939.

 

7. Escolta militar y/o civil. Se le dará.

 

 

 

1. Predomino ligero de las espirituales.

 

2. Queda conforme en general y piensa que no era oportuno.

 

3. Subsiste la creencia en las posibilidades del milagro aunque se desdibuja el concepto de qué puede llamarse así.

 

4. Generalmente no.

 

5. Sí.

 

6. Generalmente sí.

 

7. A lo que pide, en gran mayoría.

 

8. Sí, es cierta, pero bastantes la ignoran.

 

9. Se desconoce casi por completo (desde los moros a los rojos).

 

10. Se desconoce por completo.

 

11. Muchos no conocen la costumbre, lo que sí, no suelen tener orden.