TESAURO

CRONOLOGÍA

ARCHIVO F.X.

MÁQUINA P.H.

LA INTERNACIONAL

PEDRO G. ROMERO

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La Critique Sociale

18 de octubre de 1936. Interior de una capilla de la catedral de Sigüenza, que fue saqueada a fondo, después de rendirse los milicianos la utilizaron como fortaleza. Sigüenza. Guadalajara. Le martyre des oeuvres d’art. Guerre Civile en Espagne. L’llustration. París, 1938. Imprime Émile Achard.

 

18 de octubre de 1933. El consejo de redacción. La Critique Sociale, revista del Cercle Communiste Démocratique [1] dirigida por Boris Souvarine. Revue des idées et des livres. Administration: Librairie des sciencies politiques et sociales, Marcel Rivière Éditeur, 31 rue Jacob, París 6e.

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Cuando aquella tarde se abren todas las puertas de la catedral, se puede contemplar cómo la anarquía roja ha convertido en pocos días el hermoso templo en un muladar. Profanada y robada, aparecían sus paredes casi desnudas. Valores del peculio catedralicio, de mandas y fundaciones religiosas para dotes y limosnas, todo había desaparecido, en cuantía de un millón de pesetas. Los cuadros valiosos, entre ellos La Anunciación del Greco y diecisiete más de gran mérito, dieciséis tapices flamencos magníficos, el tríptico de la sala capitular, los cálices de oro y vasos sagrados, la hermosa custodia procesional plateresca, del siglo xvi, y otras muy ricas y valiosas, relicarios de oro y plata, todo había sido robado. Con el tesoro de la catedral habían desaparecido también los más singulares objetos de arte, ornamentos primorosos, varios incensarios de acabada orfebrería, las notabilísimas ánforas de plata de los Santos Óleos, un portapaz de bellísima factura y un crucifijo y un Niño de marfil de lo más singular en su género. Mucho de lo robado había de aparecer después en el botín ingente que acumuló el Gobierno rojo en su tesoro. Pero otras joyas, inapreciables por su riqueza o ejecución, habían de desaparecer sin dejar rastro de su paradero. Así el riquísimo viril de oro, cuajado de diamantes, que regaló el cardenal Delgado. Lo habían llevado los rojos a Guadalajara por orden del gobernador. De Guadalajara pasó a Barcelona con el tesoro de Negrín, y ya en Barcelona se pierden las noticias de la famosa y espléndida joya. El magnífico retablo de Santa Librada, patrona de Sigüenza, construido a expensas del obispo don Fadrique de Portugal, hijo de los condes de Haro, de fastuoso estilo plateresco, tallado en piedra caliza, aparecía gravemente mutilado. Lo mismo el altar de Santa María la Mayor, imagen antiquísima, del siglo xi. Y así las naves, el florido claustro, las capillas, las raras filigranas y estatuas del coro, el bellísimo púlpito esculpido por Viladomat. El crucero casi se había derrumbado en el insensato empeño de los rojos de hacer del templo un fortín y exponerlo a los azares de la guerra.

 

Merece la pena ver, primero, como describe Mauss [2] el potlatch mismo. «Lo que intercambian no son exclusivamente bienes y riquezas, muebles e inmuebles, cosas útiles económicamente; son sobre todo gentilezas, festines, ritos, servicios militares, mujeres, niños, danzas, ferias en las que el mercado ocupa sólo uno de sus momentos y en las que la circulación de riquezas es sólo uno de los términos de un contrato mucho más general y permanente. Estas prestaciones y contraprestaciones nacen de forma más bien voluntaria por medio de presentes y regalos, aunque, en el fondo, sean rigurosamente obligatorias bajo la pena de guerra privada o pública». En la investigación de Mauss, el potlatch tiene el sentido de una forma de intercambio, que si bien no está determinada por un contrato explícito, tiene como resultado la distribución de riquezas y la creación de lazos entre las comunidades participantes, que equilibran finalmente sus prestaciones con los beneficios recibidos. Con esta comprobación se trataba de contribuir a cambiar el modelo social occidental en el sentido de hacerlo más humano, en la línea de la caridad cristiana. Frente a esto y a pesar de reconocer la inspiración en el fenómeno del don y en el estudio de Mauss, la explicación real del potlatch se da atendiendo a su aspecto destructivo, como respuesta a la necesidad de experimentar el sentimiento de la destrucción que se traduce en la representación colectiva de la destrucción, permite integrarlo como una forma de dépense en la original perspectiva de lo humano que supone la economía general. La revitalización del sentimiento de destrucción era de una gran trascendencia. Intentaba disipar la utilidad, la racionalidad que ofusca la necesidad de dépense encontrada en la guerra, el misticismo, el sacrificio, el erotismo y el arte. En este punto se relaciona la versión de la otra-economia-general del excedente con la explicación de por qué la gente arriesga, dilapida fortunas y agota grandes reservas de energía y bienes mientras exhibe igual desdén por la inmediata preservación de sí mismo y en relación a su futuro. Bataille sostiene que los «intercambios de dones» son en realidad engañosas manifestaciones del más antiguo motivo de dépense o gasto improductivo, como una experiencia total, confundidos a menudo bajo la etiqueta de actividad económica.